Los camaleones cambian de color principalmente para comunicarse con otros camaleones, responder al estrés y regular su relación con la luz y la temperatura. El camuflaje también puede intervenir, pero no pueden copiar a voluntad cualquier fondo. El cambio se produce mediante células especializadas de la piel que redistribuyen pigmentos o modifican cómo se refleja la luz.
En algunas especies, esta transformación puede completarse en apenas unos minutos.
No cambian de color como una pantalla
La imagen popular del camaleón funciona casi como la de una pantalla: se posa sobre una superficie roja, se vuelve rojo; pasa a una azul, se vuelve azul. Su capacidad real es más limitada y, a la vez, científicamente más interesante.
Cada especie dispone de un repertorio condicionado por su anatomía, sus pigmentos y las estructuras microscópicas de su piel. Un camaleón no puede producir cualquier color imaginable ni reproducir dibujos complejos del entorno como si fotografiara el fondo.
Su apariencia tampoco depende de una sola capa. Bajo la superficie existen diferentes tipos de cromatóforos, células relacionadas con la coloración. Algunas contienen pigmentos amarillos o rojos; otras contienen melanina, que permite aclarar u oscurecer determinadas zonas. Además, los iridóforos generan colores estructurales mediante la reflexión de la luz.
El resultado visible surge de la interacción entre esas capas. Por ejemplo, la luz azul reflejada por estructuras internas puede atravesar una capa de pigmento amarillo y producir una apariencia verde, de modo parecido a la combinación de colores, aunque el proceso físico no sea exactamente el de mezclar pintura.
Los diminutos cristales que controlan la luz
Una investigación decisiva publicada en Nature Communications estudió la piel del camaleón pantera, Furcifer pardalis. Mediante microscopía, espectroscopia, grabaciones y modelos ópticos, los investigadores descubrieron dos capas superpuestas de iridóforos que contienen nanocristales transparentes de guanina.
Los iridóforos superficiales funcionan como un cristal fotónico: una estructura microscópica que refleja de forma selectiva determinadas longitudes de onda.
Cuando un macho adulto de camaleón pantera está relajado, los nanocristales se encuentran relativamente juntos y reflejan sobre todo longitudes de onda cortas, asociadas al azul. Al combinarse con pigmentos amarillos de otras células, esa reflexión puede contribuir a una apariencia verde.
Cuando el animal se excita durante un encuentro con un rival o una posible pareja, aumenta la distancia media entre los cristales. La estructura pasa a reflejar longitudes de onda más largas y la piel puede desplazarse hacia amarillos, naranjas o tonos rojizos. En los experimentos, la distancia entre cristales era aproximadamente un 30 % menor en la piel relajada que en la excitada.
No son los cristales los que cambian de tamaño: cambia su separación y organización, y con ella la parte del espectro que rebota hacia nuestros ojos.
El mecanismo celular que permite al camaleón controlar con tanta precisión la geometría de estos cristales todavía no está completamente resuelto. Se considera probable que intervengan señales nerviosas u hormonales, pero la cadena molecular exacta continúa investigándose.
Tampoco debe suponerse que todas las especies utilizan el mecanismo con la misma intensidad. La capa superficial de iridóforos estudiada está especialmente desarrollada en los machos adultos de camaleón pantera y es más reducida en las hembras y los juveniles.
Una conversación escrita sobre la piel
Los cambios más espectaculares suelen producirse durante encuentros sociales. Un macho puede intensificar sus colores al cortejar a una hembra o al enfrentarse con otro macho. Una hembra puede utilizar su apariencia para comunicar receptividad o rechazo. Los tonos oscuros también pueden aparecer en situaciones de estrés, miedo o sometimiento.
Decir que el color muestra simplemente el “estado de ánimo” del animal resulta demasiado impreciso. Es mejor entenderlo como una señal dinámica que integra el estado fisiológico y el contexto: amenaza, cortejo, disposición a luchar, retirada o estrés.
Un estudio con camaleones de Yemen observó que distintas partes del cuerpo transmitían información diferente durante los enfrentamientos. Los machos con franjas laterales más brillantes tenían mayor probabilidad de acercarse al oponente, mientras que el brillo y la rapidez del cambio en la cabeza ayudaban a predecir qué individuo ganaría. Los resultados, publicados en Biology Letters, muestran que el patrón funciona como una señal compuesta, no como un simple interruptor de encendido y apagado.
Los análisis comparativos también indican que la necesidad de enviar señales sociales llamativas ha impulsado la evolución de cambios cromáticos intensos en algunos linajes. Un estudio en PLOS Biology encontró que las especies que empleaban señales más visibles durante sus interacciones tendían a poseer una mayor capacidad para cambiar de color.
El color también ayuda con la temperatura
Los camaleones son ectotermos: dependen en gran medida de fuentes externas de calor. Modificar el brillo de la piel puede ayudarles a gestionar esa energía.
En términos generales, una superficie más oscura absorbe una proporción mayor de la radiación, algo útil cuando el animal necesita calentarse. Una apariencia más clara puede reflejar más luz y reducir la absorción. La respuesta concreta depende de la especie, el hábitat y las demás exigencias que actúan al mismo tiempo.
La piel del camaleón pantera contiene además una capa profunda de iridóforos con cristales más grandes y desordenados. Estos no parecen encargarse del rápido cambio de tono visible. En cambio, reflejan una parte considerable de la radiación infrarroja cercana, lo que podría proporcionar protección pasiva frente a una exposición solar intensa. La Universidad de Ginebra comparó esta capa con un escudo térmico.
Termorregulación y comunicación pueden entrar en conflicto. Un camaleón que se oscurece para calentarse quizá se vuelva más visible, mientras que una exhibición brillante puede aumentar su exposición ante un depredador. El color final representa un compromiso entre varias necesidades.
Entonces, ¿el camuflaje es un mito?
No exactamente. El mito consiste en creer que el camaleón reproduce de manera automática y perfecta cualquier superficie. Su coloración habitual ya puede ocultarlo entre hojas, ramas y sombras, y el cambio rápido sirve a menudo para la comunicación o la regulación térmica. Sin embargo, existen pruebas de que algunas especies también ajustan su apariencia para mejorar el camuflaje.
Un experimento de 2025 colocó camaleones de cuello de solapa, Chamaeleo dilepis, sobre fondos estandarizados. Los animales oscurecieron su piel para aproximarse mejor a fondos negros y modificaron el tono ante algunos colores, especialmente el amarillo. No consiguieron reproducir los patrones impresos. El estudio, publicado en Biology Letters, demuestra que sí puede existir adaptación cromática al fondo, pero dentro de límites concretos.
La respuesta más precisa, por tanto, depende de la especie y de la situación. Los camaleones cambian de color mediante una sofisticada combinación de pigmentos y nanoestructuras reflectantes. Utilizan esa capacidad sobre todo como lenguaje visual, también para gestionar la radiación y la temperatura y, en determinados contextos, para pasar más inadvertidos.