Los flamencos son rosas porque obtienen de su alimentación unos pigmentos llamados carotenoides. Estos compuestos, presentes en algas, microorganismos y pequeños crustáceos, son absorbidos y transformados por el organismo del ave. Después se acumulan en la piel y en las plumas nuevas, donde producen tonalidades que van desde el rosa pálido hasta el rojo intenso.

Por eso un flamenco no trae su color definitivo “de fábrica”: tiene que adquirirlo y mantenerlo.

El color empieza en organismos diminutos

Los carotenoides son una familia de pigmentos naturales responsables de muchos tonos amarillos, naranjas y rojos. Las plantas, las algas y algunos microorganismos pueden producirlos; los animales, en cambio, suelen obtenerlos a través de lo que comen.

En los humedales donde viven los flamencos, las algas y otros organismos microscópicos constituyen el primer eslabón de esta cadena. Algunos pequeños crustáceos se alimentan de ellos y acumulan sus pigmentos. Los flamencos ingieren tanto algas como crustáceos, además de semillas, larvas y otros alimentos que consiguen filtrar del agua.

De ahí procede la conocida explicación de que los flamencos se vuelven rosas “por comer camarones”. La idea apunta en la dirección correcta, pero está incompleta. Los crustáceos pueden ser una fuente importante de pigmentos, pero no son la única: los carotenoides también pueden llegar directamente desde algas y otros componentes de la dieta.

El Smithsonian’s National Zoo resume el proceso: el ave consume alimentos ricos en carotenoides y su metabolismo convierte esos pigmentos en parte de su coloración.

Del alimento a las plumas

Comer carotenoides no equivale a quedar teñido externamente. Primero, los pigmentos deben atravesar el aparato digestivo, ser absorbidos y transportados por el organismo. El cuerpo del flamenco puede conservar algunos y modificar químicamente otros antes de depositarlos en diferentes tejidos.

Los estudios clásicos de pigmentación encontraron varios carotenoides en la sangre y las plumas de distintas especies de flamenco. Entre ellos aparecen compuestos como la cantaxantina y la astaxantina, asociados a tonos rojizos. La presencia y proporción de cada pigmento no son idénticas en todas las especies, como mostró el estudio Carotenoid selectivity in blood and feathers of lesser (African), Chilean and greater (European) flamingos.

Una parte de esos carotenoides llega a los folículos donde se forman las plumas. Allí queda incorporada a su estructura mientras crecen. Esto significa que el cambio principal no sucede como si una pluma ya formada absorbiera color desde dentro: el pigmento se integra sobre todo en plumas nuevas durante la muda.

También se acumula en tejidos sin plumas. Por eso la dieta influye en el color de la piel, las patas y ciertas zonas del pico, aunque la apariencia exacta varía entre especies.

Los polluelos no nacen rosas

Los polluelos de flamenco nacen cubiertos de plumón blanco o grisáceo. Su pico es relativamente recto y su aspecto dista bastante del de los adultos. A medida que crecen, comienzan a consumir alimentos que contienen carotenoides y sustituyen el plumón juvenil por nuevas generaciones de plumas.

La adquisición del aspecto adulto es gradual y puede prolongarse durante varios años. La ficha del flamenco americano de Animal Diversity Web, de la Universidad de Michigan, describe cómo las plumas grises juveniles son reemplazadas conforme el animal madura e incorpora carotenoides de la dieta.

Esta transformación constituye una prueba visible de que el rosa no es simplemente un color estructural e invariable determinado desde el nacimiento.

¿Perderían el color con otra dieta?

Sí, aunque no de un día para otro. Si un flamenco deja de recibir suficientes carotenoides, las plumas que produzca posteriormente serán más pálidas. Las que ya están formadas también pueden perder intensidad por el desgaste y la exposición a la luz.

Por esta razón, los centros zoológicos proporcionan dietas formuladas que incluyen fuentes adecuadas de carotenoides. No se trata de pintar artificialmente al animal, sino de ofrecerle pigmentos equivalentes a los que obtendría mediante su alimentación natural. Sin ellos, un flamenco puede conservar un aspecto blanquecino o gris rosado aunque reciba suficientes calorías.

Tampoco todos los ejemplares salvajes presentan el mismo tono. La cantidad y el tipo de pigmentos disponibles, la especie, la edad, el estado reproductivo y la manera en que cada organismo procesa los carotenoides contribuyen a la variación. Un flamenco rosa pálido no pertenece necesariamente a otra especie ni está necesariamente enfermo.

Un “maquillaje” producido por el propio flamenco

La historia tiene un giro poco conocido. Al menos en el flamenco común, el color no depende únicamente de los pigmentos encerrados dentro de las plumas.

Estas aves producen una secreción aceitosa en la glándula uropigial, situada cerca de la base de la cola. Durante el acicalamiento recogen la secreción con el pico y la extienden por el plumaje. En el flamenco común contiene carotenoides que hacen que las plumas parezcan más rojas: funciona como una especie de maquillaje natural.

Un experimento publicado en Ecology and Evolution observó que las plumas expuestas al sol perdían color cuando no recibían nuevas aplicaciones de esta secreción. Los resultados indican que los flamencos deben renovar periódicamente esa capa superficial para mantener una coloración intensa.

El comportamiento parece aumentar durante los periodos de exhibición reproductiva. El color, por tanto, no es solo una consecuencia pasiva de la dieta: en ciertas especies también es una señal visual que el ave mantiene activamente.

Rosa no significa una sola cosa

La tonalidad de un flamenco cuenta parte de su historia: qué pigmentos encontró, cómo los procesó, cuándo mudó sus plumas y, en algunos casos, cuánto se ha acicalado. Pero no debe interpretarse como un medidor infalible de salud. Comparar dos individuos exige considerar su especie, edad, ambiente y momento del ciclo reproductivo.

La respuesta breve sigue siendo que los flamencos son rosas por los carotenoides de su alimentación. La respuesta completa es más interesante: una cadena que empieza en algas y organismos diminutos, pasa por el metabolismo del ave, queda fijada durante el crecimiento de las plumas y puede recibir después un retoque cosmético producido por el propio flamenco.