Los pulpos tienen tres corazones porque su circulación divide el transporte de sangre en dos trabajos consecutivos. Dos corazones branquiales, uno junto a cada branquia, impulsan la sangre pobre en oxígeno hacia esos órganos respiratorios. Después, un corazón sistémico recibe la sangre oxigenada y la bombea al resto del cuerpo.

No son tres copias del mismo órgano ni una reserva por si uno falla. Son bombas especializadas que colaboran dentro de un único circuito.

Tres corazones, dos tareas

El cuerpo de un pulpo contiene un corazón branquial en la base de cada una de sus dos branquias. Estos dos corazones reciben la sangre que regresa de los tejidos y generan la presión necesaria para hacerla circular por los finos vasos branquiales, donde capta oxígeno del agua.

La sangre que sale de ambas branquias llega después al corazón sistémico. Este corazón central la impulsa hacia la cabeza, el manto, los brazos y los demás órganos. El recorrido simplificado es:

  1. Los tejidos consumen oxígeno y devuelven sangre pobre en él.
  2. Los dos corazones branquiales envían esa sangre a las branquias.
  3. En las branquias se produce el intercambio de gases con el agua.
  4. El corazón sistémico distribuye la sangre oxigenada por el cuerpo.

La descripción anatómica publicada por Ángel Guerra en el Handbook of Pathogens and Diseases in Cephalopods muestra que los dos corazones branquiales se contraen de manera coordinada y que el corazón sistémico actúa después para abastecer al organismo.

Diagrama de la sangre pasando por dos corazones branquiales, las branquias y el corazón sistémico del pulpo
Los corazones branquiales impulsan la sangre hacia las branquias; el sistémico distribuye después la sangre oxigenada.

¿Por qué hacen falta bombas junto a las branquias?

Las branquias no son simples bolsas por las que la sangre pasa sin resistencia. Están formadas por superficies muy plegadas y recorridas por vasos estrechos, una estructura que favorece el intercambio de oxígeno pero que también dificulta el flujo.

Los corazones branquiales funcionan como bombas auxiliares situadas antes de ese tramo. Elevan la presión de la sangre venosa para empujarla a través de cada branquia. Una vez superado ese recorrido, el corazón sistémico vuelve a aportar presión para enviar la sangre al conjunto del cuerpo.

Por eso, la explicación funcional de los tres corazones no es solo que el pulpo tenga sangre azul. El factor decisivo es la arquitectura completa del circuito: dos branquias, vasos cerrados y dos etapas que necesitan impulso. Una revisión clásica de la fisiología circulatoria del pulpo describió precisamente las bombas branquiales, la presión sistémica elevada y los vasos contráctiles como partes de una misma solución para transportar oxígeno.

Una excepción entre los moluscos

Los pulpos son moluscos, como los caracoles, las almejas y las babosas. Sin embargo, su circulación es muy distinta de la de la mayoría de sus parientes.

En numerosos moluscos, el líquido circulatorio sale parcialmente de los vasos y baña los órganos en espacios abiertos. Los pulpos y otros cefalópodos coleoideos —como calamares y sepias— poseen, en cambio, un sistema circulatorio cerrado: la sangre se desplaza por arterias, venas y capilares.

Este diseño permite controlar mejor la presión y distribuir oxígeno con rapidez. Resulta útil para animales con grandes sistemas nerviosos, músculos activos, movimientos complejos y órganos sensoriales desarrollados. La contrapartida es que mantener el flujo por una red vascular completa exige bombas eficaces. Los dos corazones branquiales y el sistémico forman parte de esa especialización.

¿Qué tiene que ver la sangre azul?

La sangre del pulpo utiliza hemocianina para transportar oxígeno. Esta proteína contiene cobre y adquiere un tono azulado cuando se oxigena. Nuestra hemoglobina, por contraste, contiene hierro y da a la sangre su color rojo.

La hemocianina está disuelta directamente en el plasma, no encerrada en glóbulos rojos como la hemoglobina humana. Su afinidad por el oxígeno también responde de forma marcada a variables como la temperatura, el pH y la especie. El Smithsonian Ocean Portal explica tanto el origen de este color como la división entre corazones branquiales y corazón sistémico.

A menudo se dice que los pulpos tienen tres corazones “porque la hemocianina es ineficiente”. Es una explicación demasiado simple. La capacidad de transporte de oxígeno influye en las exigencias del sistema, pero los tres corazones deben entenderse junto con las branquias pares, la resistencia de sus vasos y la circulación cerrada.

¿Latirían igual los tres corazones?

No exactamente. Aunque trabajan coordinados, tienen anatomías y funciones distintas. Los corazones branquiales impulsan sangre desoxigenada y cuentan con sus propios complejos nerviosos. El sistémico recibe sangre procedente de las branquias y se llena antes de enviarla al cuerpo.

Experimentos con pulpos en movimiento mostraron que el ritmo puede mantenerse incluso después de interrumpir determinadas conexiones con el sistema nervioso central. El estudio “Nervous Control of the Heartbeat in Octopus” atribuyó una parte importante de la regulación a marcapasos situados en los complejos de los corazones branquiales y sus ganglios.

Esto revela un sistema coordinado, pero con cierto grado de control local. No significa que cada corazón sea independiente ni que cualquiera pueda sustituir a los demás.

La ventaja no está en el número, sino en la división del trabajo

Decir que un pulpo tiene tres corazones produce la impresión de que posee tres veces el sistema de un ser humano. La comparación correcta es diferente: nuestro único corazón reúne, dentro de varias cavidades, el bombeo hacia los pulmones y hacia el cuerpo. El pulpo distribuye funciones comparables entre órganos separados.

Sus dos corazones branquiales elevan la presión antes de las branquias; el sistémico la restablece después y abastece los tejidos. La clave no es tener corazones de sobra, sino colocar una bomba en cada punto donde el circuito la necesita.